Es fácil enfrentarse a situaciones peligrosas cuando se intenta nadar contra la corriente. Sólo un Sócrates podía intentarlo. El desacuerdo se considera ofensivo porque es una condena de los puntos de vista de los demás; la cantidad de descontentos crece, ya sea por alguna cosa que ha sido objeto de censura o por alguna persona que la ha elogiado.La verdad es para las minorías; los errores son tan frecuentes como vulgares. El hombre sabio no será reconocido por lo que dice en el mercado, porque allí no habla con su propia voz sino con la necedad universal, por mucho que se resistan sus pensamientos más íntimos. El hombre sabio evita que lo contradigan, con el mismo cuidado con que evita contradecir; la notoriedad de la censura se abstiene de acercarse a aquello presto a provocarla.
El pensamiento es libre; no puede ni debe ser obligado. Retírese al santuario de su silencio, y si alguna vez se permite romperlo, hágalo ante unos pocos discretos.
BALTASAR GRACIÁN,
1601-1658

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