La Musique...

Alguna vez escuche decir a alguien que no se tenía que ser adictos (bueno no se si esa era la palabra: “adictos”), que no debería existir esa afición desmesurada a algo pues nos haría dependientes llegando a causar afecciones físicas, incluso la muerte; Yo creo que tiene razón… ¿pero como evitar el síndrome de abstinencia a la risa incontrolable, al sarcasmo, a una “partita di calcio” (o sea, una partido de fútbol), a un Malbec Mendocino, al queso en una tortilla azul con salsa verde, al tea, a un buen libro por las mañanas, a los clásicos, a la buena percha, a lo prohibido, a los sabores, a los aromas de sensación, etc. La música por ejemplo, que es un trozo de vida, una expresión del ser humano, reflejo de una cultura, es algo de lo que no podría vivir si ya no la escuchara más, porque escuchar es aprender y si no lo hiciera siento que mi vida tendría algún tipo de vacio interior.

Esa persona decía que hay que tener un equilibrio y es cierto, que había que escuchar música para luego dejar de escucharla para no caer en esas cosas de las cuales uno se hace súbdito como a la armonía; pero como no ser adicto a algo que refuerza lo que viví, lo que estoy viviendo, que me hace sentir diferente, me hace imaginar, me complementa, me llena… me da vida, me equilibra

Por quién doblan las campanas

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda toda disminuída, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente núnca hagas de preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Un libro muy recomendable...